Edgar Sandi

“Me gusta decir que soy estudiante y siempre lo voy a ser...

Del dibujo, de la música, de la pintura, y sobre todo de las historias... También me gusta creer que estoy acá para sentir y contar lo que siento…”

1. ¿Cuál es una película que volverías a ver una y otra vez?

Spirited Away, de Studio Ghibli dirigida por Hayao Miyasaki. Tiene unas emociones que parecen estar ahí intactas cada vez que la veo de nuevo (y no han sido pocas veces) y la dirección de arte puede ser de lo mejor que haya hasta el momento. La atmósfera de los espacios, el simbolismo abierto, los colores… La música de Joe Hisaichi. En general siempre vuelvo a las películas de Miyasaki para “encontrar sentimiento” cuando veo que se enfrió un poco la cosa.

2. ¿Cuál fue el último libro que leíste?

Ensayo sobre la Ceguera, de José Saramago. Acabo de leerlo hace una semana y por casualidad en este momento estoy a punto de terminar Los Peor, donde también hay un personaje ciego: Don Félix. Apenas estoy empezando a hilar relaciones entre ellos...

3. ¿Qué te gustaría cambiar en Costa Rica?

Nada y todo al mismo tiempo. Pero si me encantaría ver una opinión general más dada a no polarizar la discusión de temas sociales, ni a mirar con unos ojos tan cuadrados a los grupos externos al necio “costarriqueñismo”, tan ciegamente orgulloso de sí mismo.

4. ¿Cómo se te ocurrió esta historieta?

El primer impulso viene de un primer gran viaje que realicé el pasado invierno a Europa. Esta experiencia, que siempre describo como traumática en el buen y mal sentido, la utilicé para proyectar un poco de mis pensamientos sobre la acción de salir de una zona de comfort en esta historieta. La verdad me ha servido escribirla y dibujarla para canalizar y sintetizar un poco algunas reflexiones sobre el viaje. El choque, la escala de las grandes ciudades versus nuestro “pequeño” Chepe, los sabores y el aire del país extranjero…

El mundo de los lenguajes ajenos y la búsqueda hacia adentro (hacia el país de YO) los intento proponer como puertas que abren diferentes lecturas para la persona que viajó por primera vez afuera o que constantemente viaja adentro de sí mismo para reconocerse en un ciclo interminable de ir y venir.

5. Contános alguna anécdota donde hayás tenido que usar señas para poder comunicarte.

Lyon, Francia, a las cuatro de la madrugada. Voy jalando una maleta de dos ruedas, llevo un bulto al hombro y mi guitarra en su estuche en la mano izquierda. Voy en dirección hacia la Gare de Lyon-Perrache para coger un bus. Voy con un atraso leve pero con estrés super-escalado por estar en una ciudad desconocida.

Cuando llego no tengo una lectura clara de una entrada, o una señal que me diga donde hay andenes para buses, ni mapas, ni señales de rutas… ¡la verdad ni gente hay!

-¿Y ahora que putas voy a hacer?- le digo al viento.

Sigo caminando por inercia y el edificio (que parece ser un costado de la estación) se abre y me deja entrar a una especie de entrada subterránea. No hay nadie. Sólo el eco de los pasos. Me empiezo a estresar, porque ni tengo chance para ver la hora.

-¡Uy mae! ¡Gente!- expreso cuando en el medio del túnel, sobre unas escaleras veo un grupo de gente que duerme esperando la apertura de las puertas. Mientras me les acerco le  voy preguntando a un tipo joven a tientas - Monsieur, excuse moi, est que vous savez où est la…- y el tipo se me queda viendo con cara de pregunta.

-Vous parlez français?- le dirijo ya enfrente

Y el agitar de cabeza de izquierda a derecha universal me obliga a desdoblar la lengua.

-Ok, do you speak english?- le digo con la seguridad del que cree que esas palabras son tan universales como la cara de atraso que llevaba yo mismo.

Otro agitar de la cabeza. Ahí empieza el pequeño pánico.

-¿Hablás español?- le digo ya con el ritmo cardiaco un poco más perturbado.

¡Y ahora ni siquiera el agitar de la cabeza! Entonces con una risa nerviosa, como el jugador que agota todas sus cartas empiezan los balbuceos, el intento de preguntar por un andén de bus con el cuerpo.

-Yo...- me señalo

- ...bus...- los dedos haciendo el girar de las llantas

-...transporte…- dos dedos derechos caminando sobre mi palma izquierda…

Le dice algo a sus amigos, familia… quién sabe… Se viene una muchacha y hacemos de nuevo el juego de charadas. Y entonces una respuesta. La más universal de todas: ¡un índice apuntando una dirección! Qué agradecimiento da uno por un simple gesto.

Merci, Gracias, Obrigado, Arigatou, Vielen Dank… ¡Pura vida! Pero lo que mejor se impregnó fué la sonrisa que les di antes de irme.

6. ¿En tu opinión, es buena idea dejar de seguir un mapa?

El mapa, como cualquier documento sujeto a lectura, tiene libre interpretación. Dicho esto, al mapa como a cualquier papel, le cabe todo lo que uno le deje rayar y lo que quiera ver. Rayarlo, rasgarlo, destruirlo, girarlo… Volverlo a armar. A sus coordenadas se superponen las aspiraciones, proyecciones, deseos, pasiones, inseguridades, que le dibujamos encima… Entonces propongo volver a reinventar su lectura cada vez que la ruta sea misteriosamente demasiado segura.

Edgar Sandi.